historia

una historia grande

En 1983, la recuperación de la democracia abriría las puertas de un nuevo país. En ese contexto de libertad y euforia participativa, el Centro Cultural vivió una de sus etapas más fructíferas, transformándose en activo protagonista de la primavera cultural que oxigenó a la Argentina.

Precisamente el 30 de octubre de 1983 se celebraron las elecciones nacionales que erigieron al Dr. Raúl Alfonsín como Presidente de la Nación. El CSM funcionó ese domingo histórico como centro de cómputos de los millones de esperanzados votos argentinos. A partir de esta significativa fecha, el Centro se consolidó como uno de los iconos de la vuelta de la democracia y como un lugar de entrada al mundo de la cultura, como un espacio donde se formaban públicos, donde los artistas emergentes podían mostrar sus producciones y consolidar nuevas tendencias.
Una verdadera ágora porteña, ya que a sus múltiples actividades culturales se sumó la designación como sede de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), cuyo Informe Final trascendería su modesto contenido gramatical: “Nunca Más”, convertido a lo largo de los años en el documento histórico más importante en la lucha por los derechos humanos en el país.

El CSM se afianzó en los ’80 como un ámbito absolutamente pluralista, multicultural, donde el lenguaje común fue la convivencia y el respeto por la creatividad. En ese marco, la creación de ciclos como Jazzología y Maestros del Alma congregaron a las figuras más importantes de la música nacional. Las muestras de Artes Plásticas encontraron su lugar desde mediados de la década de los ’80, manteniendo una actividad ininterrumpida desde entonces. La actividad teatral registró innumerables compañías que entremezclaron novatos y viejas glorias, profesionales y actores vocacionales.

En 1994, se creó la Videoteca de Buenos Aires con la idea de montar, por primera vez en la ciudad, un archivo de videos abierto gratuitamente a investigadores y a toda la gente interesada en este lenguaje. En un principio contó con 300 títulos. Hoy, transformado en el Núcleo Audiovisual Buenos Aires, supera las 7.000 obras. En el ‘95, nacería también un nuevo espacio público para la danza contemporánea: la Sala ETC (Espacio Teatral del Centro), ubicada en el primer subsuelo, destinada a elencos de danza y teatro sin cabida en teatros comerciales y pensada como un espacio no convencional. Hacia finales de la década, se la rebautizó como Sala Ernesto Bianco.

Luego de una remodelación que incluyeron seis subsuelos, se puso en funcionamiento el Bajo Plaza de las Américas, con dos cines, una Sala Multipropósito, Aulas de Cursos y Talleres y espacios de registro, preservación y producción audiovisual. Entre 2012 y 2015, durante la gestión de Gabriela Ricardes, se consiguió la reutilización de los espacios de exhibición, muestras y espectáculos, con la puesta en valor de la Sala Alberdi, la recuperación de las Salas E y F y la creación del Sótano Beat.

seguinos en las redes sociales